El eclipse más largo del siglo XXI

eclipse de Leo-Acuario-3
El eclipse lunar del próximo 27 de julio será el más largo del siglo XXI. En sus diferentes fases, el fenómeno astronómico se desarrollará durante 3 horas y 55 minutos. En lo que respecta a su fase de oscurecimiento total, cuando toda la esfera queda opacada, el fenómeno podrá apreciarse durante 1 hora y 43 minutos.
En los eclipses lunares, la Tierra se interpone en el camino de la luz solar. Eso significa que durante la noche, la Luna llena se desvanece a medida que la sombra de la Tierra la cubre.
Este viernes, el eclipse se combinará con el fenómeno conocido como “luna de sangre”, nombrado así por el color rojizo que adquiere el satélite, un efecto visual que se genera cuando la luz solar se filtra en la atmósfera y se proyectan los colores anaranjado y rojo sobre la Luna.
Desde lo astronómico, promete ser un espectáculo bastante impresionante. Desde lo astrológico no debería ser algo menor. La interpretación astrológica de los eclipses tiene una fuerte relación con el karma. Y esto se debe a que los eclipses se dan cuando las luminarias están alineadas en los nodos lunares, que son puntos matemáticos de intersección en la órbita de la luna, también conocidos como los nodos del karma.
Esta creencia tiene su origen en los Puranas, textos históricos hindúes, en los que se explica el conflicto entre los daitias (demonios) y los aditias (dioses), y su pelea por el amrita (néctar de la inmortalidad). El mito de los eclipses surge de la historia del demonio Raju, quien se coló en la fila de los dioses para recibir el néctar. El néctar era un brebaje riquísimo, pero que solo estaba destinado a los dioses, algo muy parecido a la ambrosía de los griegos. Al parecer, Soma, el dios lunar (sí, los hindúes creen que este dios es masculino) se dio cuenta de que Raju estaba por beber el néctar, y le avisó a Mohini (el único avatar femenino de Visnu), quien se hizo “la linda” y extrajo de entre sus ropas el súdarshan chakra (un disco parecido a un anillo ninja) y lo decapitó.
Sin embargo, Raju ya había logrado tomar una gota del néctar de inmortalidad, por lo que no murió: su cabeza y su cuerpo, separados, flotaron en el espacio como dos astros invisibles a los ojos humanos, que vienen a ser los nodos lunares: Raju ―la cabeza esférica― y Ketu ―el cadáver, con forma de dragón, aunque esférico (exactamente igual que la cabeza).
Como venganza, cada tanto esta serpiente-dragón devora a la Luna con su inmensa boca, pero no por mucho tiempo: finalmente debe expulsarla a través de su nuca abierta.
Así narrado, parece una película de Tarantino. Impresiona y da risa. Pero lo cierto es que nos asustamos por un eclipse, estamos plagados de conceptos infantiles e infantilizantes en los que nos apoyamos como si fueran cimientos inamovibles cuando, en verdad, son creencias.
El karma es uno de ellos. En este gran paquete conceptual se inscriben las mas variadas suposiciones del miedo. Karma es una palabra fuerte, o suena fuerte, sus reverberancias nos llevan a vidas pasadas, deudas, peligros ocultos, energías malignas pero, al parecer, su etimología en sánscrito proviene de la raíz kri: hacer. O sea que karma, lisa y llanamente, quiere decir actuar.
De modo casi opuesto, eclipse es una palabra griega que significa “desaparición” o “abandono”.
En castellano, ni la acción ni el abandono de la acción parecen cosas graves. Desde luego que pueden llegar a serlo de acuerdo al caso pero, en su justa medida, solo son dos movimientos contrapuestos. Así, una posible lectura actual del eclipse de luna tiene que ver con “dejar de hacer” por un rato. Cuando el eclipse es de Luna, lo que hay que “abandonar” es una necesidad afectiva-emocional.
Esto implica dejar por un rato reposar las subjetividades para dar lugar, precisamente, a lo que se interpone entre la luz del Sol y la Luna, que es nuestro querido planeta Tierra. Es decir, lo tangible. Nuestra materia, nuestro cuerpo, nuestras circunstancias concretas, no las ideas ni las sensaciones sino lo que en verdad nos pasa.
Así que, después de todo, un demonio que se come a la Luna puede no ser tan malo. Tal vez nos está ayudando a dejar atrás un sistema emocional infantil. Pero para que eso pase, es necesario no asustarnos. La serpiente dragón devuelve a la Luna a su lugar después de haberla purificado. Los hindúes son grandes maestros tanto de la transformación como de la continuidad. Sería incorrecto intentar aislar solo solo una parte de su cosmovisión. Lo que nos dicen los vedas es que, para que haya continuidad, tiene que haber transformación. Y viceversa.
El eclipse de luna es un instante que tiene la forma de la transformación a niveles muy profundos. Es el pasado el que actúa y, por ende, es lo que debe ser digerido y, luego, expulsado. Se procesa a lo largo de los meses pero, en general, el inicio aparece bien definido en el transcurso de esa semana. Lo que continúa es lo perenne, lo que se lleva es lo que perece.
Estos eclipses tienen el color de los signos Leo y Acuario, es decir, lo que entendemos por “yo o nosotros” o “pertenecer o ser expulsado”. “estar en el centro, ser un excéntrico”, “ ser famoso o ser especial”, “brillar o mutar”, “reyes o locos” .
Esto no es algo nuevo, sino que son las temáticas con las que venimos trabajando desde febrero 2017 y , si bien los nodos aún transitarán este eje hasta fin de año, los eclipses del 27 de julio y el 11 de agosto serán los últimos que manifiesten estas temáticas.

El cielo que nos mira

Leer el cielo nos fascina porque, por sobre todas las cosas, lo que estamos haciendo es leer algo propio. Lo que se escribe en las estrellas no es otra cosa que un espejo de lo que nuestra mente ha podido entender hasta ahora. Pese a lo particular del caso, ver en el Cosmos una estructura similar a la interna puede ser maravilloso.

La mirada del Cielo fue cambiando a lo largo del tiempo. No siempre vimos lo mismo, porque no siempre fuimos iguales.

Es por eso que en nuestra escuela nos proponemos profundizar en los la Historia de la Astrología y sus alcances en la actualidad.

Mapear el recorrido histórico de la astrología es una tarea dificultosa, en principio porque no hay demasiado material sobre este tema, y lo que hay está bastante desarticulado. En especial lo referido al origen porque, en realidad, la astrología es algo que existió desde el inicio humano mismo. Entonces, cuando buscamos el origen nos encontramos con una gran dificultad que tiene que ver con la inexistencia o pérdida de la documentación y, al mismo tiempo, con que hay una lectura ya desarrollada sobre lo que la astrología es, casi de índole religiosa, y eso cierra mucho el campo de investigación.

Todas las disciplinas se encuentran con esta dificultad a la hora de armar su propia historia. La astrología, además, no se sabe muy bien qué es.

¿Qué es la astrología?

A grandes rasgos, lo que podemos decir es que la Astrología es un sistema de símbolos. Esta definición la enmarca dentro de las leyes implícitas de cualquier lenguaje.

El antropólogo Levi Strauss dice que ” la astrología ayudó al hombre a pensar durante milenios”. Esta premisa no tiene que ver con la influencia de los astros sobre las personas sino con que, al menos en un primer momento, lo que los humanos hicimos fue observar el cielo para ver qué había en él. Y en esto no se diferenciaba en absoluto de la astronomía. Si nos remontamos al origen astrológico, vemos que las primeras actividades que se registraron de este lenguaje están documentadas en unas tablillas del tipo de escritura cuneiforme. En ellas se registra el movimiento del planeta Venus.

Es en Caldea, Babilonia, donde empieza el movimiento que podríamos llamar de simbolización del cielo.

A lo largo de los años, la astrología fue modificándose. Su estructura abierta lo permite. El saber astrológico implica la utilización de tres sistemas interrelacionados: el planetario, el zodiacal y el topocéntrico o de casas.

Así, con el advenimiento de las ciencias exactas, la astrología se perfiló mucho más hacia los cálculos matemáticos y, por este motivo, durante el primer milenio d.C. su foco se instaló en las variantes de los aspectos Ptolomeicos, apoyándose en las relaciones entre Planetas para realizar predicciones.

Es recién a partir de 1900 que la astrología vuelve a mirar hacia atrás y se encuentra con su origen más esotérico y,  gracias a los aportes de Alan Leo, Dane Rudhyar y, más actualmente, Lis Greene, Howard Sasportas, Alexander Ruperti y Bruno Uber, entre otros, la astrología tiene una especie de renacimiento.

En la actualidad, producto de la gran expansión de la información y -desinformación-que trajo “la era de las comunicaciones” la astrología pasa por un período de apertura e interconexión con otros saberes de índole esotérico, generando gran amplitud de escuelas y variantes formativas.

La pregunta, sin embargo, sigue siendo la misma: ¿Se puede leer el Cielo?

 

“Feliz es aquel que habiendo aprendido la trama de su horóscopo conoce a su daemon, llegando a liberarse del Destino” – Porfirio